Friday, October 17, 2008

503


Directora: Isabel Rodriguez
País: Chile
Año: 2007

Ahora, ahora,
resulta indispensable,
que la justicia juzgue
y castigue a los culpables



“503” el documental de Isabel Rodríguez, refleja la retrospectiva socio histórica, de los 503 días que estuvo el general Pinochet detenido en Londres. La directora de esta manera, utiliza mucho- y no es agobiante, sino para hacer mas fuerte su discurso político implícito- las entrevistas de quienes participaron en las manifestaciones en Inglaterra a favor del juicio contra Pinochet. Grupos adherentes a los Derechos Humanos y manifestantes que sufrieron la gran tragedia de ser desterrados de su propia identidad y de su propia historia, pincelan los aires de quiebre y cambio hacia una justicia mas esperanzadora y menos elocuente.
Lo insidioso que puede llegar a ser esta cinta cinematográfica, se refleja en lo que Bill Nichols sitúa como un documental expositivo y narrativo, en que las particularidades e ideologías políticas que pueden reflejarse, trastoca la sensibilidad y la pasión encadenada de la propia directora al momento de la “intervención-invisible” en la propuesta de memoria histórica de sus entrevistados.
Una propuesta bastante interesante pero no muy novedosa, basada casi en un pensamiento uniforme y transversal de la coerción ideológica con que los entrevistados dan sus testimonios. Sin embargo, esta modalidad se encuentra estructurada bajo el prisma de los códigos culturales interpretativos insertos en el film; vale decir, la cámara se convierte en un testigo más del cómo operan estos piquetes* y la propuesta organizada con que los manifestantes estando en Londres, querían recordar a miles de personas que fueron asesinadas, torturadas e incluso acribilladas durante uno de los periodos mas oscuros de la historia de Chile: La Dictadura Militar (1973-1990)
Una música extradiegética y los planos que se van a negro para contar paso a paso lo que está sucediendo con el General, sitúan al espectador en la dialéctica del sufrimiento, del dolor y de la imaginación de cientos de manifestantes, tanto chilenos como extranjeros que se unieron a esta causa de no-impunidad al “asesino y al criminal” Augusto Pinochet.
Un documento histórico que conlleva la espiritualidad consagrada y los ánimos retorcidos de la falta de memoria que sufrimos los chilenos, la falta de recuerdos que nos impide abrir los ojos y mirar a quienes cometieron tantos asesinatos y tantas atrocidades durante el régimen militar. De una vez por todas, quitémonos la venda de los ojos y el disfraz del posmodernismo, que lo único que va creando es que Chile carezca de recuerdos y se hunda en los escombros del olvido.
Isabel Rodríguez manifiesta su descontento contra la justicia chilena y parece ser que su documental “503” de tan solo 32 minutos, logra establecer la denuncia y a la vez la forma en cómo un dictador, se burla del pueblo, de su memoria y de su propia historia, dándonos a entender que el antifaz democrático impregnado hoy en día, está cargado de enclaves autoritarios que dejó la desastrosa experiencia de un gobierno militar.

Tuesday, October 14, 2008

"Secretos"


Directora: Valeria Sarmiento
País: Chile
Año: 2008



A la yuxtaposición de imágenes y al quiebre drástico con que sitúa Valeria Sarmiento este film, logra catalizar y reparar ciertos episodios históricos que configuraron la matriz pavorosa y estupefacta con que Chile sufrió por casi dos décadas.
Secretos, una cinta que se balancea entre la ironía y el sarcasmo, entre lo irrisorio y lo banal. Y es que el juego imbricado de situaciones coincide con el paralelismo cotidiano en que confluyen los personajes. Una vía de escape al sectarismo, a lo dogmático y a la ortodoxia militar que vivió Chile en la década del 70 y 80.
A esta paradigmática ocasión, el drama, la risa y la confabulación de revelaciones personales, construyen un mundo totalmente adverso a la realidad con que se maneja el tema del exilio durante la época. Y no es para menos, si cada vez que se menciona el tema de la conjetura ideológica con que se parafraseó, y aun se sigue haciendo como algo cotidiano y horizontal en el cine y todavía en los debates públicos, la memoria histórica adquiere una sensibilidad máxima, y es que la historia del tiempo presente, aun perfora las afónicas mesuras de los sujetos que vivenciaron la época citada.
Por ende, este contra análisis de lucha de representaciones en un espacio público, va adquiriendo una sobre dimensión de los propios silencios y los propios sigilos en la realidad extradiegética con que se manipula el efecto de realidad.
El cine chileno, querámoslo o no, se esconde en los antifaces melodramáticos que dejó la coyuntura histórica en la memoria social y colectiva de los sujetos protagonistas del proceso. Seguimos atados a un discurso hegemónico proveniente no de las altas elites, sino simplemente por la figura vertical que condiciona el accionar institucional del Estado, como opresor de imágenes e ideas renacientes, en la mentalidad cultural del acontecer humano en el tiempo.
Esta irrupción o respiros de la memoria, con que Paúl Ricour sitúa la catarsis colectiva de una ausencia del olvido, pero una presencia de la memoria-reserva, es cómo Valeria Sarmiento y Raúl Ruiz, logran un quiebre sintomático de la estructura mediática que impone la realidad histórica.
Es así como la melancolía y el trauma del exilio parecen estar en la figura retórica pero significante de los quejumbrosos silencios con que el miedo se apodera de nuestra propia consciencia. Sin embargo, Sergio Hernández, Francisco Reyes, Amparo Noguera, Alfredo Castro, entre otros, logran conectar la sátira de la historia presente con los olvidos, pero recordarlos mediante situaciones cotidianas, en un hilo coherente de voluntades cronológicas.
Códigos implícitos en el film, logran develar la parsimoniosa y sensible actitud con que los protagonistas parecen ser los espacios concluyentes de una melodramática, pero austera situación apocalíptica de recuerdos y olvidos.
Así es como se va construyendo y fragmentando a la vez, los diferentes matices con que se genera una discusión elocuente en las trincheras del silencio y el arpegio mental. Sin duda una correlación directa en que los mundos y las realidades lograr conectar el febril discurso narrativo, bajo la lógica psicosocial en el comportamiento de significante-significado y de sujeto y objeto.
La falsedad parece apoderarse de sus mentes, en la máscara de los secretos y en la justificación decadente con que se logra conectar la reciprocidad ventilada, de una verdad confabulada. Prueba de ello, se puede reflejar que el fallo de un médico- quien por apuros ocasionales dio por muerte a una persona que despertó en el frigorífico- es justificado mediante un milagro de sanación, más que asumir el error mismo de su irresponsabilidad. Sin siquiera tampoco reconocer que tras 25 años ejerciendo su profesión, nunca tuvo el título de médico.
Una especie de comedia que comienza en un ascensor en París, cuando Álvaro Espinoza decide asaltar a un francés, sin embargo cuando se percató que en verdad era chileno, le dio las disculpas del caso y lo invitó a tomar un trago. Situaciones un tanto extrañas pero bien comedidas en el contexto de relación pasado-presente.
Sin lugar a duda una película fascinante llena de risas y situaciones que prueban la identidad y la cotidianeidad en el entramado social con que vivimos la mayor parte de los chilenos.

Saturday, October 11, 2008

Tony Manero


Director: Pablo Larraín
País: Chile
Año: 2008

Ante la paradoja de los personajes apáticos, frustrados por una realidad deprimente y al acompañamiento retórico de un predominio nefasto de la frialdad, el cine latinoamericano, y más aún, el cine chileno comienza a trastocar los tópicos exógenos influyentes de la realidad al mundo cotidiano.
Esta contextualización y dialéctica narrativa del discurso, proviene del cine chileno de los 60s, en que la fuerte influencia social y política de la reflexión de transformaciones sistemáticas, logran atención en la conciencia del sujeto como eje precursor de cambios transversales, y así situar a la lógica cinematográfica mediante el planteamiento neorrealista que menciona Jorge Sanjinés: hacer del cine, una herramienta para filmar la realidad.
A ello, debe sumarse la contemplación de una inusitada traspapelación de un melodrama coherente, sensible y a la vez lleno de estupefactos dominios mentales.
De esta manera, enlosamos la percepción de imagen-movimiento, propuesta por Deleuze en la filmografía de Pablo Larraín titulada “Tony Manero”.
A la percepción de imagen- acción e imagen afección, es como el sentimiento banal e incluso logístico de encontrar el sentido del ser en el aparecer, sitúa al personaje protagónico en un viaje de búsqueda y ansiedad- como bien sitúa Heidegger- un proceso que nunca termina ni concluye nada al respecto; sin embargo, la percepción en este sentido logra un análisis metódico e influyente, pues quien se encuentra fuera del mundo diegético- en este caso el espectador- tiene la capacidad de suplir y manipular la realidad a través de las interpretaciones coyunturales del mundo en cuestión.
Tony Manero, un personaje basado en la retórica periférica, va construyendo sus sueños mediante situaciones de grandilocuencia, en que la trama central parece una defragmentación del vagabundeo, de la causalidad, y por sobretodo, de los sueños motrices que deambulan por su conciencia.
Frente a ello, debe agregarse por antonomasia, lo que Pasolini denomina como la poesía cinematográfica, enclaustrada en el encadenamiento y prisión del subconsciente en el personaje de Alfredo Castro; vale decir, a la apertura de una nueva imagen y un nuevo pensamiento basado en el drama óptico y en la entidad mitológica de un sistema de tópicos que mortifica el movimiento en el montaje.
No obstante, y al alero de esta nueva imagen, Pablo Larraín sitúa a sus personajes en lo que Bertolucci concatenó en el film Los Soñadores (2003) y el Último tango en París (1973) en referencia a los desnudos y al ensamblaje no pudoroso de sus escenas. No cabe duda que esta situación paradigmática en Europa en los años 60s, viene a moldar una nueva teoría y atrevimiento macro conceptual en el cine chileno.
Las estructuras parecen estar dañadas y alteradas bajo el precepto conservador con que el espacio histórico afecta a la libertad de los accionares colectivos, de una transformación austera pero transgresora.
Chile se situaba entre los miedos y la desolación, entre la tristeza y el parcelamiento dogmático de sus pensamientos. La inquietud y la inseguridad estaban frente a los ojos del sujeto premeditado de la fábula estigmatizante de la arbitrariedad y la autocensura del “yo” implantado dictatorialmente, por el “otro”.
A esta antítesis sensitiva, los tópicos de agresión, violencia y sueños frustrados, deambulan a lo largo de todo el film. Ejemplos de fuga, huída y evacuación, conjeturan la prisión de Tony Manero en las redes políticas y sociales con que Chile sufría la verdadera depresión mental y sicológica, de un abismante proceso tiránico en los claustros militares-esféricos del cono sur en América latina.
Planos detalles para reflejar el deprimente ocaso de la figura emblemática de Tony Manero, su rostro demacrado por la senil idea de una depresión física y mental que se gesticula con la forma en como Alfredo Castro va rechazando las diferentes propuestas del resto de los personajes. Sin embargo, él aún sitúa su personalidad en la dialéctica del individualismo, del “yo”- aunque decadente- pero siempre triunfante al alero tanto de los miedos históricos con que se contextualiza el film, como también, con creerse siempre superior al resto, una especie de “rock Star” independiente.
Ante la fluidez de planos conjuntos y generales, para denostar la fatídica recreación de fines de los 70s y comienzo de los 80 en Chile, la estructura dramática en el espacio narrativo y simbólico parece ser que retroalimenta la relación imagen-acción del personaje; vale decir, los cambios políticos afectan directamente a todos los personajes, no así a Tony Manero, quien a su vez aprovecha las disensiones para crear su propio mundo y su propia estructura quimérica del ensueño melodramático que se refleja a los largo del film
Sin lugar a duda una mirada distinta, pero no diferente del cine chileno, es lo que Pablo Larraín construye en esta película. Algo nuevo, pero no novedoso que traspapela a la figura del espectador como ser consciente de la sincronía de imágenes y variación de planos. Sin embargo, pese a ser muy pretencioso en sus proyecciones, logra catalizar los escalafones metodológicos con que el cine chileno se sitúa a la competencia de grandes producciones extranjeras
. Una alternativa para que los sueños logren existir, pese a que el cielo sigue estando bajo la nebulosa situación autoritaria que dejó la dictadura, nunca es tarde y nunca es temprano para pincelar los cuadros cinematográficos, en verdaderos colores que atisben el resplandor del séptimo arte, como eje revolucionario de dogmas y creencias impuestas.

Sunday, October 5, 2008

"Children of men"


Director: Alfonso Cuarón
País: EEUU-Reino Unido y Canadá.
Año: 2006

El mundo se encuentra abatido. El presente parece ser algo ilusorio, y el futuro se transforma en la premeditación existencial de lo irrisorio. Y es que la mimesis confabulada en los espacios transgresores del inconsciente, vapulean la métrica sensorial de la antitesis como argumento literario y artístico en la obra. “Niños de Hombres” o Children of men, se transforma así, en los ojos concatenados del silencio crepúsculo en que se difama la violencia y la desesperanza. Un mundo encarcelado bajo las banderas patrióticas de la supremacía y el arribismo neofascista que controla la sobrevivencia del hombre futurista.
Londres 2027, se configura sobre espacios tecnológicos y progresistas, que se contraponen a la fisionomía alarmante de una sociedad lánguida y pavorosa, donde los sueños parecen haber sido atrapados en las redes del silencio y en las redes del misterio.
Un escenario que devela los aconteceres que marcaron a todo el siglo XX, el autoritarismo político, envasado sobre las distopías que discuten un futuro incierto, sin siquiera asumir los errores que prevalecen en el propio tiempo presente. Es por ello que el espacio-temporal de un “hoy” descompuesto, maximiza la contienda del caos y la esperanza, del oscurantismo a la salvación, y de la violencia a la paz. El mundo se vuelve algo enfermizo, y a la vez síntomático de un descontento social, masivo y mundial. No obstante pareciera ser que la salvedad a este gran conflicto se encuentra en Gran Bretaña, pues se sitúa dentro de los parámetros establecidos como la nación ejemplo a seguir, pese a su racismo acérrimo implícito, suscitado a lo largo de todo el film.
Es así como los procesos históricos en este fútil y alarmante desacierto, parecían haber sido retrotraídos a la caracterización de que “toda historia se repite”, Sin embargo, ante esta hipocondríaca situación, los matices estructurales, parecen haber esculpido el tiempo con las sombras del ocaso y los restos del presidio crepusculario.
El Siglo XIX parece ser el foco de interés en que las superpotencias logran tener el “poderío” ostentoso que se parcelan en la fastuosa magnificencia de la hegemonía local sobre el control mundial y en este caso sobretodo, el de Gran Bretaña y su Paz Armada.
El mundo esta desvastado, vilipendiado y torcido, y es que el individualismo logra tener su catarsis fatídica en los arbóreos sigilosos del fin de una civilización, Todo gira en torno a una noticia que aparece en la primera escena, donde Theo- el protagonista- junto a otras personas que están dentro de un café, escuchan a través del televisor, “la muerte del hombre mas joven del planeta con tan solo 18 años de edad.”
De esta manera, el escenario se pintaba sobre un mundo con violencia, desesperación y pavor, que se refleja por las calles sucias, rayadas y angustiosas; un presente esquivo que no se quiere asumir, y un futuro disímil y poco próspero que atisbaba los matices vapuleados de una realidad agresiva y deprimente.
Estos cánones estigmatizadores de un abismante ocaso sensitivo, lograban situarse sobre la ideología pragmática de ocultar a una mujer que estaba embarazada- llamada Kee- y que tal como dice su nombre, “key” traería la esperanza, la llave maestra y el orden estamental sobre la base del nacimiento de una niña.
Todo circulaba entre la fe y el azar, entre lo posible y probable, dado que la práctica dogmática colindaba con la causalidad y se exteriorizaba bajo los preceptos idílicos del amor y la sabiduría.
El blindaje escénico de un expresionismo alemán que generaba los matices hereditarios al oscurantismo, a los laberintos, a los bordes oscuros que se contraponía siempre con una luz de fondo, tenue y lívida que no prometía salida o solución alguna, pues fuera de ese marco, la realidad seguía estando manipulada por la realidad caótica con que los sujetos se volvían cada vez mas violentos y mas encerrados en sí mismos.

A ello se suma el sonido extradiegético que se interponía dentro del subconsciente de Theo como una rama equidistante entre la razón y la acción, producente en una imbricación de sonidos adyacentes, que aparecen cuando el protagonista se encuentra en situaciones extremas o bien, a punto de acontecer algo sorprendente.
El sonido de las balas, ladridos de perros, y de los gritos sufridos por las personas, creaban una mescolanza de atisbos tradicionales, que generaban bríos contraproducentes entre lo repetitivo y lo sincrónico. Sin embargo, todo el clima onírico que estaba aconteciendo, se reflejaba con la presencia del elemento nebuloso para configurar la cristalización de las mentes y de los sueños, de los ideales y de los atisbos retrógrados que sufría la población mundial. Todo un mundo en declive que se sostenía bajo el anhelo estupor del llamado “proyecto humano”, los cuales luchaban por mantener viva la resistencia pacífica del alma y de los cuerpos; una herramienta sobre estimulada de los cuadros surrealistas en los planos, que tiñen la caracterización de una sobredosis de estímulos emocionales y sentimentales, ofuscado por la misma lógica coercitiva de la razón instrumental como elemento transformista del prefacio al drama pictórico.
A esta quejumbrosa situación, el nacimiento del bebe de Kee –llamado posteriormente Dylan en honor al hijo que perdió Theo- mostraba los aires y pasantías bíblicas del paralelismo ficción-realidad a lo que llamaremos como “la salvación”.
Esta salvación, creaba las luces pertinentes, y la esperanza de un giro metafísico a la proclive ejecución de las mentes quiméricas que situaban la realidad, como un eje concordante a lo idílico, majestuoso e incluso, sobrehumano. Una salvación no dogmática ni doctrinaria, pero sí, basado en estructuras mentales, con el objetivo de lograr la perfección de los cuerpos, y la tangible situación de las almas.
El bebé de Kee es quien crea la pausas en la azarosa disyuntiva violenta entre los opresores y los oprimidos, en un mundo nefasto en que el autoritarismo oligarca y los deseos preconcebidos del arribismo, soslayan la confabulación de los matices hegemónicos por sobre las banderas de lucha y resistencia de la humanidad.
Al momento en que el bebé comienza a llorar, las pausas sigilosas de “ambos bandos”, llenan sus corazones de ternura y de felicidad. Las balas cesan, los ladridos también, y el escenario que en un momento parecía estar bajo el telón de la violencia, se vislumbraba como una apertura mental y una apertura poética a los sentidos sesgados del ser humano. 18 años transcurrieron sin que nadie oyera el llanto de un bebe, y en el momento que lo sintieron, el mundo casi se vino abajo, las miradas atónitas y estrepitosas por el caudal torrentoso con que el corazón volvía a sentir los latidos fugaces del alma.
Una obra maestra similar a Films anteriores como: 1984 de George Orwell (en cuanto a la hegemonía futurista del totalitarismo) y Blade Runner de Riddley Scott, en donde se sitúa bajo parámetros ilusorios dónde la máquina y la tecnología logran dominar los accionares humanos.
Una mirada diferentes en que la prosa elíptica de explicaciones escénicas, trascienden mas allá de la frontera imaginaria para encontrar el porqué de las cosas.
Todo confluye y todo se destruye, todo se crea para que en cualquier momento el apocalipsis mundano-profano con el propósito de hacer algo mejor, renueve y concrete la estabilidad ornamental de los sujetos como órbitas sectarias de su propia realidad. Sin embargo, ¿que pasará cuando el hombre como ser pensante, deje de existir? Vivimos en realidades desordenadas y de luchas, no muy diferentes a lo que plantea Alfonso Cuarón en esta cinta; estamos en permanente lucha, tanto con nosotros mismos, como de partición exógena.
No estamos para plantear soluciones al conflicto, simplemente para desenmascarar múltiples realidades que son manipuladas y confabuladas para crear silencios y escombros en la historia. Y el cine por su parte, parece ser el foco intradiegético de nuestro subconsciente; querámoslo o no, también es una herramienta de doble filo que actúa como elemento propagandístico a las realidades históricas.